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Nosotros somos los culpables

La lumbre se enciende, las llamas se sinceran y las lágrimas de las nubes descienden. Estamos provocando continuamente a la naturaleza y su sabiduría innata nos responde con violencia. El viento hace su papel azotando los árboles contra el aire contagiado de egoístas. Seres que el aire con gran fuerza mueve. Sus silbidos chirriantes no son más que gritos de desolación, llantos desgarrados que exigen delicadeza con el entorno. Los avances se paralizan para algunos, sin embargo para otros los tropiezos climatológicos son impulsos para poder seguir ensuciando y convirtiendo el mundo en ruinas.

Se desbordan ríos porque su cauce natural necesita espacio por donde correr.

Se nos viene encima el mar porque sus aguas piden nuevas tierras donde sus especies habitar.

Se nos pierde la oportunidad de dejarles una rica herencia a los próximos vecinos que pronto llegarán.

Eduardo López

Eduardo López

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