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Sin ir más lejos

Cuando el sudor rocía esfuerzos, la piel siente la necesidad de arrugarse. Cuando se trabaja duro; sin miedos, sin frenos y sin límites, el cuerpo siente la necesidad de fortalecerse. Cuando las lágrimas se precipitan, el alma siente la necesidad de renovarse. Cuando la respiración se entrecorta, el cuerpo siente la necesidad de relajarse.

Señales que la propia vida nos lanza para recordarnos que seguimos vivos.

Eduardo López

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