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En los ojos la memoria

A veces el tiempo juega con la mente, las ideas navegan sin rumbo, aun así, la realidad se enfrenta cara a cara a la confusión. ¿Días? ¿Semanas? ¿Años? Se puede perder la orientación fácilmente, pero los recuerdos valen un precio emocional que pagamos encendiendo el botón de la memoria. Esas imágenes inundan el campo visual, las vemos como si estuvieran rozándonos la piel. Es eterno imaginar y por ello es genial perderse en los pensamientos, dar de comer vino a la música, beber ricas emociones y bailar el momento hasta despertar del sueño.

Abrir los ojos para evadirse y conquistar la imaginación.

Eduardo López

Imagen por Eduardo López

Vuelo y raíces echadas

Cuando lo nuevo sorprende, la mirada pierde el norte y la memoria colecciona nuevas experiencias. Es especial ver florecer nuevos caminos que descontentos huían de la tormenta que los dejó secos y llenos de ceniza. Necesitamos ver para confiar en nuestro futuro, tropezarnos con culturas contrarias a nosotros y que estas nos hagan crecer a pasos agigantados. El mismo cielo pero en perspectiva distinta nos acoge con sus nubes creativas para, de vez en cuando, sacar de nuevo al sol radiante que hidrata nuestra piel sin esperar nada a cambio. Cuánta verdad en cada suspiro, cuánta sinceridad en cada abrazo y de verdad qué placentero es conquistar con nuestros pies nuevos territorios. Es tan fácil como entregarse de verdad al tiempo, dejarse llevar por las costumbres y sembrar nuevas compañías.

¿Cómo sería vivir sin arriesgar?

¡Que continúe la aventura!

Eduardo López

Eduardo López

Nosotros somos los culpables

La lumbre se enciende, las llamas se sinceran y las lágrimas de las nubes descienden. Estamos provocando continuamente a la naturaleza y su sabiduría innata nos responde con violencia. El viento hace su papel azotando los árboles contra el aire contagiado de egoístas. Seres que el aire con gran fuerza mueve. Sus silbidos chirriantes no son más que gritos de desolación, llantos desgarrados que exigen delicadeza con el entorno. Los avances se paralizan para algunos, sin embargo para otros los tropiezos climatológicos son impulsos para poder seguir ensuciando y convirtiendo el mundo en ruinas.

Se desbordan ríos porque su cauce natural necesita espacio por donde correr.

Se nos viene encima el mar porque sus aguas piden nuevas tierras donde sus especies habitar.

Se nos pierde la oportunidad de dejarles una rica herencia a los próximos vecinos que pronto llegarán.

Eduardo López

Eduardo López

Jacinto

 

Jacinto es un hombre de campo que quiere contarnos una de sus últimas hazañas. Parece tranquilo pero en realidad tiene algo importante que decirnos. Es divertido y le encanta llevarle la contraria a todo el mundo. Hoy ha decidido quedarse junto a su olivo.

Eduardo López

En un abrir y cerrar de ojos

Qué bello es cerrar los ojos y permitir que las lágrimas saladas se deslicen sobre el rostro aprisionado en emociones naturales. Qué fácil es llenar la mente de dulces paisajes donde los verdes se difuminan entre montes frescos y velludos. Qué de amor nos ofrece este mundo tan completo donde los muros intentan separarnos en fronteras suciamente políticas. Ahí están nuestros corazones para escalar esas grandes paredes con la finalidad de fundirnos en las diferencias. Qué de vida sin miedo a volar hacia los cielos del exilio. Qué de cosquillas burbujeantes rascan nuestros vientres. Qué facilidad tiene el tiempo de pasar, como un suspiro, hasta aterrizar en el hermoso recuerdo vivido.

Un día más cegado por la belleza natural de la única y aprovechada vida.

Eduardo López

Eduardo López

¡Ni te acerques!

No la toques sin su consentimiento porque yo sí tengo permiso para destrozarte la vida si cruzas la línea prohibida. No la mires, no imagines su belleza entre tus brazos.¡No quiere! Y tampoco va a querer sentirse en un futuro insegura por tus evidentes frustraciones. Te mereces soledad y sufrimiento, estás ahogando en lágrimas sus ojos y congelando su mirada perdida. La imagen del hombre cosechando inseguridad y la mujer desorientada entre miedos por culpa de la desgracia mental que en la cabeza de los maltratadores reside. Nos merecemos libertad a la hora de elegir con quién compartir nuestros deseos. Los tiempos cambian y el odio crece rebosante entre gritos de lucha y desolación. Ya confundieron nuestros antepasados el concepto de superioridad con el de inseguridad. Y como de cobardía viven, que la venganza les vacie y les obligue a rendirse.

Nos hace falta unión para poder reformar el destrozo creado. Los culpables deben pagar bajo suelo por su merecido y los inocentes no dejar pasar ni una más.

Eduardo López

Eduardo López