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Un café para llevar

¿Hola? Sigo aquí, esperando a que me mire. Perdona, le estoy hablando. ¿No va a levantar la cabeza? No entiendo la percepción del trabajo para algunas personas. Y aquí sigo, esperando a que me atienda. Hemos cambiado las miradas por pantallas, genial. ¡Vaya avance! Oiga, señor, no quiero ser desagradable pero tendría la decencia mínima para servirme un café con leche. Tengo prisa. Ya sé qué champú utiliza por el brillo de su pelo pero del color de sus ojos no tengo ni idea. ¡Señor! ¡Qué me ponga un puto café! ¿Qué no son formas de hablar? Métase el café, el vaso, el azúcar y la cucharilla por donde le venga bien. ¿Éste es mi café? Pues no lo quiero, gracias. No es tan importante perder un café o un cliente, pero perder los principios si es relevante. Eduardo López Anuncios

Sin ir más lejos

Cuando el sudor rocía esfuerzos, la piel siente la necesidad de arrugarse. Cuando se trabaja duro; sin miedos, sin frenos y sin límites, el cuerpo siente la necesidad de fortalecerse. Cuando las lágrimas se precipitan, el alma siente la necesidad de renovarse. Cuando la respiración se entrecorta, el cuerpo siente la necesidad de relajarse. Señales que la propia vida nos lanza para recordarnos que seguimos vivos. Eduardo López

¿Se irán o nos iremos?

No veo miedo, observo vuestra cobardía. No creo en las amenazas, confío en mis valores. No huí por desesperación, volé lejos para ver el mundo desde otra perspectiva. No admiro vuestro odio, amo las relaciones humanas. No hay nada bueno en dividirnos, sí lo hay en fundirnos unos con otros. No es vuestra conveniencia y decisión, es la de todos nosotros que vinimos en busca de un futuro mejor. La última palabra es de ellos, pero el grito desgarrador es bien nuestro. Eduardo López

Me dejaron loco

Es amor escondido en cada verso, es salir adelante tras el punto y final. Porque las letras dedican su vida a perseguir a sus compañeras de camino. Las palabras se enfrentan y después se aparean. Se fusionan sus sonidos y la musicalidad da belleza a nuestras ideas. Pensarán que hay locura en cada mano, pero también hay amor en cada frase. Es alucinante cómo los humanos nos unimos y nos despegamos para crear nuevas comodidades. Y cómo se unen las palabras para guardar constancia y ayudarnos a recordar. El tiempo nos hizo enamorarnos. Las letras ligaron con mi cabeza, se dieron abrazos en el papel y esas creaciones son hoy día mi mayor pasión. Eduardo López

A sus órdenes

Claro que sí jefe, aunque estoy ocupado. He de realizar correctamente mi trabajo. Por supuesto, también cuido de su hijo. Si se despista le doy un poco de zumo de manzana. Si grita cierro la puerta de su despacho para que no le interrumpa en su serie. Si llora le tapo la boca con un calcetín. Mientras procuro hacer mi labor y a su vez vigilo a su hijo, fotocopio los papeles de su guardería y le preparo un café; solo, doble de crema y cuatro cucharadas de azúcar moreno. ¿Desea que haga algo más? No, no estoy perdiendo el tiempo. Usted me ha robado la oportunidad de aprovecharlo, señor. No soy más que su esclavo y perdona que le diga, estoy haciendo de todo menos trabajar. ¿Despedido? Nunca entenderé para qué sirve la autoridad. ¿Para holgazanear? Abusan y es su momento. Hoy decidís vosotros, pero mañana mando yo. Eduardo López