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Un café para llevar

¿Hola? Sigo aquí, esperando a que me mire. Perdona, le estoy hablando. ¿No va a levantar la cabeza? No entiendo la percepción del trabajo para algunas personas. Y aquí sigo, esperando a que me atienda. Hemos cambiado las miradas por pantallas, genial. ¡Vaya avance! Oiga, señor, no quiero ser desagradable pero tendría la decencia mínima para servirme un café con leche. Tengo prisa. Ya sé qué champú utiliza por el brillo de su pelo pero del color de sus ojos no tengo ni idea. ¡Señor! ¡Qué me ponga un puto café! ¿Qué no son formas de hablar? Métase el café, el vaso, el azúcar y la cucharilla por donde le venga bien. ¿Éste es mi café? Pues no lo quiero, gracias.

No es tan importante perder un café o un cliente, pero perder los principios si es relevante.

Eduardo López

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